política

S.O.Spain

Extraido de http://ctxt.es/es/20170419/Politica/12405/Gerardo-Tece-espana-corrupcion-estado-fallido.htm por https://twitter.com/gerardotc

El término “Estado fallido” describe aquellos Estados soberanos en los que fallan elementos básicos y necesarios para su funcionamiento y la seguridad de sus ciudadanos. El concepto nos sugiere un paseo por las calles de una ciudad en la que es habitual que te roben a punta de pistola y a continuación te extorsione la policía. Cosa de países lejanos. ¿Decir que España se acerca al Estado fallido es una exageración? 

Jefatura del Estado compi yogui, Presidencia del Gobierno, ministerios, mostrando su apoyo en reuniones, correos o SMS a acusados de blanquear, extorsionar, sobornar o saquear empresas públicas del país. Asaltos en la casa de fiscales que investigan la corrupción mientras sus jefes intentan frenar su trabajo. Ministros de Justicia que, sabiendo que todo esto sucede, si mueven un dedo es para escribirle un SMS al corrupto dándole ánimos. Destrucción de discos duros con pruebas de delitos en la sede del partido gobernante. Cajas de ahorro saqueadas con el conocimiento de los organismos controladores que nos han costado hospitales y escuelas. Medios de comunicación financiados por el poder desde empresas públicas saqueadas. Medios que, en lugar de vigilar al poderoso, han decidido que su papel es informar sobre países lejanos y proteger al saqueador que los financia. Jueces que denuncian falta de recursos para investigar la corrupción. Corruptos gobernantes que no piensan darles medios a estos jueces. Un partido que quita y pone jueces, que aparta fiscales con total naturalidad cuando las investigaciones se acercan a las cúpulas. Miembros del partido apartados en silencio si denuncian haber visto algo raro. Cientos de cargos que nunca saben nada, nunca sospechan nada, hasta que la alcantarilla rebosa y la guerra interna les obliga a posicionarse del lado de alguna de las familias en conflicto interno por el poder. Grandes empresarios pagando millonarias campañas electorales que perpetúan en el poder a gobernantes regados con sobresueldos. Gobernantes agradecidos dando concesiones públicas a dedo con el dinero de todos, haciendo que la prioridad del país la marquen los empresarios corruptos que sobornan a políticos. Ministros de Economía que se felicitan por un crecimiento cuya gasolina es la rueda corrupta. Una de cada cuatro personas en riesgo de pobreza y exclusión. Y la cifra creciendo. Trabajadores pobres. Y el sueldo bajando. Leyes mordaza que dificultan la protesta contra el tinglado organizado. Ministros del Interior usando dinero público para inventarse operaciones antiterroristas contra usuarios de redes sociales o espiando a rivales políticos.

Sí, España es un Estado fallido porque falla algo básico: la confianza en quienes posan su culo en los sillones del poder, un conjunto de culos que los jueces que han logrado saltar todas las barricadas y zancadillas definen en sus investigaciones una y otra vez como organización criminal. España es un Estado fallido porque ocurre algo muy grave: los ciudadanos no podemos confiar en quienes dicen trabajar para nosotros, ni en quienes vigilan que se cumpla la ley, ni en quienes construyen desde los medios el relato de un país que, nos dicen, está resfriado, un país que, sabemos de sobra, está comido por la metástasis de la corrupción.

De otra pasta

Artículo extraído de http://www.diariodesevilla.es/opinion/articulos/pasta_0_1129987539.html por http://www.diariodesevilla.es/ignacio_f-_garmendia/

Desde el final de la dictadura, a la que muchos súbditos acomodados se aferraban no tanto por adhesión a los principios como por el temor -como se vería, infundado- a perder su patrimonio a manos de las hordas, hemos escuchado a menudo esa falacia que sostiene que los gobernantes con propiedades y una posición saneada son menos susceptibles de caer en la corrupción -lo repetían cuando los primeros escándalos de la democracia, como si aquella no hubiera existido durante el franquismo- que los que acceden al poder como asalariados. Más aún los prejuicios clasistas, que mantienen una vigencia inconfesable entre los mismos que dicen valorar a las personas en función de sus méritos, advierten de que por una razón casi genética los vulgares individuos del común, incluso si han prosperado, no son de confianza.

La virtud, para las señoras y los señores acostumbrados a quejarse del servicio, es inseparable de la crianza y no cabe esperar que los muertos de hambre, si se les presenta la oportunidad, vayan a dejar de meter la mano en la caja. Un comportamiento tan obsceno e inapropiado es inimaginable entre los distinguidos hijos de las familias que no sólo no lo necesitan, sino que se rigen por un severo código de conducta basado en la integridad y en sólidas convicciones morales. Ellos, como suelen precisar con sospechosa insistencia, pierden dinero con la política y es la vocación, sumada al espíritu de sacrificio o sobre todo el honor de ser útiles a la nación, lo que los lleva a entregar su valioso tiempo a un oficio tan expuesto, esforzado e ingrato del que sólo obtienen sinsabores. Sus empresas, ya sabemos, las tienen abandonadas.

Una variante o ampliación del argumento, igualmente desmentida por los hechos, señala que los profesionales que han triunfado en el mundo de los negocios están más capacitados para conducir los asuntos del Estado, suerte de gran empresa en la que los contribuyentes -a los que no cotizan les pueden ir dando- ejercen de grandes o pequeños accionistas. Hombres y mujeres dinámicos, eficientes, sin lastres ideológicos, son lo que necesitamos para que la maquinaria funcione con el rigor y la precisión de un reloj, naturalmente suizo. Resulta por desgracia evidente que la mezcla de credenciales familiares, educación exquisita, probada experiencia empresarial y fortuna propia, no basta para producir políticos honrados, pero hay que reconocerles la prestancia y esa imperturbabilidad que sólo se aprende en los ambientes refinados. Nadie duda de que llegado el caso se comportarán como impecables presidiarios.

Fascist Groove Thang

(Everybody move to prove the groove)
Have you heard it on the news
About this fascist groove thang
Evil men with racist views
Spreading all across the land
Don’t just sit there on your ass
Unlock that funky chaindance
Brothers, sisters shoot your best
We don’t need this fascist groove thang
Brothers, sisters, we don’t need this fascist groove thang

History will repeat itself
Crisis point we’re near the hour
Counterforce will do no good
Hot you ass I feel your power
Hitler proves that funky stuff
Is not for you and me girl
Europe’s an unhappy land
They’ve had their fascist groove thang

Brothers, sisters, we don’t need this fascist groove thang
Democrats are out of power
Across that great wide ocean
Reagan’s president elect
Fascist god in motion
Generals tell him what to do
Stop your good time dancing
Train their guns on me and you
Fascist thang advancing

Brothers, sisters, we don’t need this fascist groove thang
Sisters, brothers lend a hand
Increase our population
Grab that groove thang by the throat
And throw it in the ocean
You’re real tonight you move my soul
Let’s cruise out of the dance war
Come out your house and dance your dance
Shake that fascist groove thang
(Shake it!)

Berlín Code of Conduct

http://berlincodeofconduct.org/es/

 

Propósito

Un objetivo principal de todas las conferencias y grupos de usuarios que se refieran a este Código de Conducta es ser inclusivos para la mayor cantidad de personas, con la mayor variedad de orígenes y conocimientos posibles. Como tal, nos comprometemos a ofrecer un ambiente amigable, seguro y acogedor para todos, sin importar género, orientación sexual, capacidad, etnia, estado socio-económico, religión o creencia.

Este Código de Conducta expresa nuestras expectativas con respecto a quienes participan de nuestra comunidad, así como también las consecuencias de comportamientos inaceptables.

Invitamos a todos los que participan de nuestros eventos a ayudarnos a crear experiencias seguras y positivas para todos.

Ciudadanía de Código/Cultura/Tecnología abierta

Un objetivo suplementario de este Código de Conducta es incrementar la ciudadanía de código/cultura/tecnología abierta, incentivando a sus participantes a reconocer y fortalecer las relaciones entre nuestras acciones y sus efectos en nuestra comunidad.

Las comunidades son espejo de las sociedades en las cuales existen y las acciones positivas son esenciales para contrarrestar las diversas formas de desigualdad y abuso de poder que existen en una sociedad.

Si Ud. ve a alguien haciendo un esfuerzo extra por asegurarse que nuestra comunidad es acogedora, amistosa e incentiva a todos los que participan en ella a contribuir de manera completa, nos gustaría saberlo.

Comportamiento esperado

  • Participe de un modo auténtico y activo. Al hacerlo contribuye a la salud y longevidad de esta comunidad.
  • Ejercite la consideración y el respeto en su discurso y en sus acciones.
  • Intente colaborar para evitar conflictos.
  • Absténgase de discursos o comportamientos despectivos, discriminatorios o abusivos.
  • Sea consciente de su entorno y de los/as otros/as participantes. Alerte a los líderes de la comunidad si nota alguna situación peligrosa, alguien sufriendo una situación comprometedora o violaciones de este Código de Conducta, incluso si parecieran poco importantes.

Comportamiento inaceptable

Comportamientos inaceptables incluyen: discursos o acciones intimidantes, acosadores, abusivos, discriminatorios, despectivos o degradantes. El alcance incluye a todos/as los/as participantes de nuestra comunidad online en todos los eventos y comunicaciones personales llevadas a cabo en el contexto de las actividades de nuestra comunidad. Los lugares en donde se lleven a cabo eventos de la comunidad pueden ser compartidos con gente ajena a la misma, por favor sea respetuoso hacia las autoridades de dichos lugares.

Acoso incluye: daño o perjurio verbal o escrito relacionado con género, orientación sexual, raza, religión, incapacidad; uso inapropiado de imágenes de desnudez en espacios públicos (incluyendo presentaciones digitales); intimidación deliberada, acecho o persecución; fotografías o grabaciones abusivas; interrupción sostenida de presentaciones u de otros eventos; contacto físico inapropiado y atención sexual no deseada.

Consecuencias del comportamiento inaceptable

No serán tolerados los comportamientos inaceptables de parte de cualquier miembro de la comunidad, incluidos patrocinadores y aquellos/as con autoridad para tomar decisiones. Se espera de todos/as los/as miembros el inmediato cumplimiento al solicitársele suspender comportamientos inaceptables.

Si un miembro incurre en comportamientos inaceptables los organizadores de la comunidad pueden sancionarlo de cualquier forma que se considere apropiada, incluyendo la suspensión temporal o permanente de su participación en la comunidad, sin previo aviso (y sin reintegro del dinero, en caso de ser un evento pago).

Si es testigo o víctima de comportamiento inaceptable

Si Ud. es víctima o testigo de comportamiento inaceptable, o tiene cualquier otra preocupación o problema, por favor notifíquelo a un organizador de la comunidad tan pronto como sea posible. Puede encontrar una lista de los organizadores a contactar para cada una de las comunidades que apoyen este código de conducta al final de esta página.

Además, los organizadores de la comunidad se encuentran disponibles para ayudar a los miembros a contactar a las fuerzas policiales locales o, de lo contrario, para ayudar a sentirse seguros a aquellos que hayan sido víctimas de comportamiento inaceptable. En el contexto de eventos presenciales, los organizadores también proveerán escolta a las personas que hayan sufrido dichas experiencias.

Desagravios

Si Ud. siente que ha sido falsa o injustamente acusado/a de violar este Código de Conducta, se le sugiere notificar a uno de los organizadores del evento con una descripción concisa del agravio. El mismo será contemplado y resuelto de acuerdo a las políticas existentes.

Alcance

Se espera que todos los participantes de la comunidad (colaboradores/as —pagos o no—, patrocinadores y otros/as invitados/as) se atengan a este Código de Conducta en todos los lugares de encuentro de la comunidad –online o en persona– así como en todas las comunicaciones uno-a-uno relacionadas con actividades de la comunidad.

Licencia y atribución

El Berlin Code of Conduct se encuentra distribuido bajo una licencia Creative Commons Attribution-ShareAlike. Está basado en el pdx.rb code of conduct, que también es distribuido bajo la misma licencia.

Los nuevos hidalgos

Por @zifra

Castilla tenía un imperio que decayó (y cayó), entre otras razones, por sus hidalgos: /nobles con escasos o nulos bienes pero exentos del pago de determinadas obligaciones tributarias, debido a la prestación militar que les confería el derecho de portar armas, de las cargas y tributos que pagaban en cambio los plebeyos (pecheros), exentos de tal arriesgada obligación o privilegio/. Una banda (armada) de parásitos sin oficio ni beneficio, sin estudios ni obligaciones a los que el resto de los vecinos teníamos que mantener.

La partitocracia española ha recreado esa casta. Senadoras con treinta y muchos años que simultanean estudios de sicología con direcciones generales sin mayores méritos que controlar los votos internos de alguna agrupación partidista. Pijas de cincuenta y pocos que nunca han trabajado en nada que no estuviera relacionado con el clan de la cabeza del partido y han llegado a ministras. Asesores de alcaldes que son en realidad chicos para todo con mejores sueldos que catedráticos de universidad. Escritores que publican sus libros en encuadernaciones de lujo subvencionados por agencias que dependen de la Consejería en la que ejercen de Jefes de Prensa. No merece la pena seguir con la lista. Seguro que podéis añadir muchos más casos.

Son los nuevos hidalgos que están arruinando de nuevo este país.

Mis cuatro líneas (quizá alguna más) sobre #LoDeTrump por @juanjocerero

Con ocasión del momento histórico que ha sido la elección de Donald Trump como 45º presidente de los Estados Unidos de América. Reproduzco aquí un post que colgó en Facebook mi amigo periodista Juanjo F. Cerero en su página personal:

Mis cuatro líneas (quizá alguna más) sobre #LoDeTrump y los problemas generalizados en Occidente que deja a la vista, expuestos y sangrantes.

1. Las encuestadoras, los politólogos y sus modelos tienen un problema. O viven en la misma burbuja que la clase política y los medios de comunicación, haciendo un esfuerzo consciente por evitar o minimizar a una parte importante de la población, que es la que menos luce enseñar en los resultados. Se entiende así que los damnificados por esta esta estrategia tengan un rechacen de manera visceral el trato con la encuestadora.
Además, conviene desmitificar los modelos estadísticos y algoritmos de los que se han pavoneado estos días los medios más importantes de Estados Unidos, y de los que viven gurús del humo como Nate Silver. Los modelos y los algoritmos no son más que opiniones convertidas en sistema y traducidas a un lenguaje particular. Si se tiene en cuenta que sólo un medio de comunicación masivo en Estados Unidos predijo de manera estable la victoria de Trump (el Los Angeles Times), el ciclo de retroalimentación está claro: Queremos que gane Hillary, hagamos algo para que el modelo sea coherente con este apriorismo, publiquemos los resultados y sentémonos a esperar a que la realidad se parezca a lo que acabamos de publicar. Sólo que a veces ese momento nunca llega.
Lo que me lleva a

2. Los periódicos, que debieran ser espejo de la sociedad, se vuelven hoja parroquial, ciegos y cargados de preceptos. Los analistas se debatirán hoy entre el apocalipsis y los llamamientos a la calma por la dignidad y el honor del pueblo americano, pero creo que el mayor problema es que parece que se están quedando sin público, que le están hablando a nadie. Muchos medios (y estoy pensando en el New York Times) han querido hacer equilibrio en una cuerda floja. Mantener una equidistancia irritante entre los candidatos, como si las todas las ideas o las palabras fueran verdaderamente iguales entre sí, sin importar su contenido, sin importar si se habla de reducir la desigualdad o de agarrar a las mujeres del coño porque eres una estrella. La equidistancia se ha combinado con una dura política editorial contra Trump como candidato. No resulta difícil imaginar que parte importante de los votantes estadounidenses pueden haber percibido esto como una hipocresía y hayan actuado en consecuencia.

(P.S.: poner gráficos con muchos colores que se mueven mucho pero no acertar en los análisis, ni en las previsiones, ni en la cobertura general no es hacer periodismo, por muy vistoso que eso sea y lo mucho que luzca en los tuits.)
[El mundo real no se parece a Twitter]

3. Ya es hora de levantarse del sofá y hacer algo por nuestro propio culo (político). La candidatura de Trump es el resultado de la incapacidad del sistema político surgido de las reformas de los ochenta de responder a las necesidades de unas clases medias cada vez más empobrecidas y alienadas, condenadas a cargar sobre sus espaldas el peso de las jugadas estúpidas de los opulentos y los poderosos, a los que sí se les permite cubrirnos a todos de mierda mientras silban y miran hacia otro lado.
Nunca ha habido tanto dinero líquido en el mundo, y pocas veces ha estado más concentrado y peor repartido. Ni siquiera es la primera vez que ocurre.
Lo que quizá sí sea novedad es que quienes deberían haber planteado un discurso político alternativo entregaron las armas hace ya muchos años y todavía no han tratado en serio de cambiar de planes. España es una honrosa excepción, donde el partido contestatario con este estado de cosas se coloca a la izquierda. Pero es razonable que en el mundo donde esa izquierda ha entonado con alegría y entusiasmo el himno del “No hay alternativa” la alternativa se busque a la derecha del dinero y se dote de los símbolos del nacionalismo y el identitarismo conservador, exclusivo y reaccionario.
Los partidos progresistas tradicionales de Occidente llevan décadas dándole a sus votantes mierda de gato para comer y previniéndoles de que hace frío ahí fuera. Haciéndoles tragar candidatos mediocres y programas políticos poco ambiciosos -cuando no directamente contrarios a sus propios intereses-, marionetas en las que no resultaba difícil ver a los ventrílocuos, argumentando que lo otro es peor y exhortando a que todos lo vieran así. Mucha gente ha decidido no tragarse eso, no aceptar la mediocridad como mal menor. Lo que no quiere decir que escojan algo excelente (en este caso, no lo había entre los candidatos, ni siquiera en Jill Stein). Simplemente, no se conformarán con eso; harán otra cosa, lo que sea. Como votar a Trump o quedarse en casa en la cita electoral más importante en décadas.
Los partidos están aprendiendo, derrota a derrota, que los votantes no tragarán cualquier cosa sólo porque se repita mucho aquí y allá tirando de argumentario.

En resumen: Occidente necesita lo antes posible un proyecto político alternativo, transnacional y ambicioso, que recupere la política redistributiva y un relato de ambición que permita resistir a la apatía y el cinismo. Eso o acostumbrarnos a que lo de hoy es la normalidad del futuro, y todo será cada vez más normal, hasta que todo explote.

4. La elección de Trump es, muy en el fondo, un triunfo de la democracia. A veces -este año, muchas veces- ocurre lo impensable, aquello contra lo que se ha orquestado una campaña en la que participa todo el poder. Puede que los mercados, los inversores, los grandes donantes, la industria farmacéutica y petrolera, no quisieran la incertidumbre de tener que tratar con Trump. Lo han hecho saber, han intentado presionar, a través de los medios de comunicación que controlan, aunque no tanto ni de manera tan directa y vulgar como aquí. Los estadounidenses se han negado a tragarse ese discurso. Aunque, quizá peor, hayan elegido creerse Fox y Breitbart. Un triunfo de la democracia. En toda su miseria.

No vais a ser nada

Artículo original de VÍCTOR BERMÚDEZ TORRES  en http://www.eldiario.es/eldiarioex/vais-vida_0_493451699.html

La mayoría de mis alumnos estudian y se preparan con la confianza de que su esfuerzo y competencia les permitirán llegar todo lo lejos que se propongan. Porque la sociedad en la que viven – piensan ellos – es justa: premia al que se esfuerza y es capaz, y castiga al perezoso e incompetente.  Más allá de que esta sea o no una concepción razonable de lo que es la justicia y la valía humana, lo cierto es que mis alumnos se equivocan. Y yo no sé como decírselo. Bueno, sí lo se.

El otro día jugábamos a inventar una sociedad. Imaginaos – les decía – que llegáis por accidente a una pequeña isla desierta, y tenéis que organizaros para vivir allí lo mejor posible. ¿Cómo lo haríais? Descartadas (por ellos, y casi instantáneamente) opciones como el anarquismo o la la más burda dictadura, los chicos deciden instaurar en seguida unas normas básicas de convivencia, es decir, unas leyes y un Estado. Como los chicos son, por educación, muy modernos, deciden pasar del método antiguo (el de confiar en la ley de un Dios y de sus representantes en la tierra) y apuestan por su capacidad racional para auto-gobernarse. Después de razonar un rato, coinciden con la mayoría de los filósofos modernos en que los hombres somos, por principio y como poco, libres e iguales, por lo que las leyes que se voten, sean las que sean, habrán de consagrar y proteger a toda costa la libertad y la igualdad humanas. Hecha esta solemne declaración, nos ponemos a trabajar en el “proceso constituyente” del sistema político de nuestra isla.

En seguida descubren que lo de regular la libertad y la igualdad no es nada fácil, y sí muy polémico. Por ejemplo, algunos chicos se muestran muy restrictivos con la libertad de costumbres (nada de poliandria, o de ir desnudo por la calle), pero no con la libertad económica: ¡que cada uno tenga y gane lo que pueda y quiera! – dicen – . ¿Por qué – les pregunto yo – ? ¿Donde ha quedado ese principio deigualdad que decíais? Ah – dicen ellos – , es que todos somos iguales al principio, pero luego hay personas más trabajadoras y competentes que otras, y estas merecen ganar más. ¿Y los que se esfuerzan pero no pueden – replican algunos – , porque, quizás, no han nacido con tanto talento o capacidad? ¿Y los que nacen en familias ricas – grita, indignado, otro –, y lo tendrán siempre todo aunque no hagan nunca nada? ¿Qué mérito tiene heredar de un bisabuelo lejano un montón de tierras o de pasta que no te has ganado tú?… Pasado un rato, las opiniones se dividen. Básicamente, unos piensan que contra la desigualdad natural y la devoción por los propios hijos no se puede hacer nada, y otros que sí, que claro que se puede (y se debe) hacer mucho. Pero, sea como sea, a la mayoría les parece razonable promulgar leyes para ayudar a personas que nacen con alguna discapacidad, cobrar impuestos – muchos o pocos – a los que son muy ricos (sobre todo, a los que son sin merecerlo) y, muy especialmente, asegurarse de que todos tienen acceso a la misma educación, para que, así, haya igualdad de oportunidades y todo el que pueda llegue a “lo más alto” compitiendo limpiamente con los demás.

Y es aquí donde ya no puedo callarme más, y me veo en la obligación de informarles de algo. Según estudios recientes muy serios – les digo – , realizados por el gobierno y por organizaciones educativas en Gran Bretaña, la inmensa mayoría del personal de las empresas más prestigiosas de ese país procede deescuelas y universidades de élite. Y no solo ello; la mayoría de los más famosos periodistas o actores, así como de los jueces, fiscales, políticos, militares de alta graduación, etc., proceden, también, de colegios privados en los que solo estudia… ¡un 7% de la población! Aunque esto ocurre en Gran Bretaña, creo que no sería difícil encontrar resultados similares en todos los países de nuestro entorno.

La conclusión, no por consabida deja de ser terrible para mis alumnos, los mismos que, durante estos meses, sacrifican las tardes de primavera al siniestro dios de los exámenes, confiando –pobres míos –  en que la gente honrada y trabajadora es la que, al final, resulta ganadora en esta especie de concurso que, según les dicen, es la vida.

Pero resulta que no. Que el viejo sueño americano no es sino una versión del más antiguo de los cuentos de hadas: aquel en el que la justicia triunfa, por una vez, y la cenicienta alcanza el trono que merece, solo para demostrar que tamaña cosa no es sino una excepción a la regla, y que gente como Bill Gates, Amancio Ortega u otros del santoral de la lista Forbes son personajes del cuento que se cuentan los hijos de los trabajadores en sus largas noches a la luz del flexo. Pero la verdad verdadera es que la inmensa mayoría de mis alumnos no saldrán jamás de su nicho social, independientemente del talento que tengan y el esfuerzo que demuestren. Por la sencilla razón de que no son parte de esas élites que, en la práctica, acaparan y transmiten a sus hijos los mejores puestos en empresas e instituciones, tal como la aristocracia medieval acaparaba y heredaba tierras y cargos en la corte. Mis alumnos estudian y van a seguir estudiando en centros públicos que, en este país, han sido, durante todos estos años, progresivamente depauperados, quizás para seguir, así, marcando la diferencia. Justo cuando todo hijo de vecino comenzaba a mandar a sus hijos a la universidad pública, esta perdía su valor a favor de universidades de élite, másteres prohibitivos, y estancias en el extranjero insostenibles para una familia trabajadora… La desigualdad se reproduce, una y otra vez, como un cáncer que solo se puede curar extirpándolo de raíz. Y la raíz no es el sistema de castas económicas, sociales, políticas e intelectuales que, naturalmente, tiende a perpetuarse; el problema es que nos hayamos acostumbrado a considerar este sistema como algo inevitable.

Curiosamente, en muchas instituciones educativas de élite suelen incorporar todas las innovaciones (aprendizaje por proyectos, educación individualizada y comprensiva, poco peso de los deberes…) y materias (educación artística, debates filosóficos, humanidades…) que los estados dominados por gobiernos liberales niegan para la escuela pública (en las que todo ha de ser esfuerzo bronco y materias instrumentales y técnicas). En el fondo – piensan con cinismo –  es pornuestro bien. ¿De qué le sirve a un futuro trabajador precario desarrollar su sensibilidad artística o su conciencia crítica haciendo debates de filosofía? Absolutamente de nada. Es más, le podría hacer muy infeliz. Y, sobre todo, muy inconformista. ¿Se imaginan que le da por pensar en todo esto?

Conversaciones meritocráticas

Ocho medidas para cambiar el horario de las empresas

Claves para tener horarios de trabajo racionales, según el Observatorio de la mujer, empresa y economía de la Cámara de Comercio de Barcelona.

 

1. Fomentar el trabajo por objetivos y no el presencialismo.

2. Favorecer la movilidad tecnológica para poder trabajar fuera de la oficina.

3. Facilitar la jornada intensiva y la flexibilidad horaria.

4. Minimizar las comidas de empresa como instrumento de trabajo para no alargar la jornada.

5. Acabar con la reunionitis. Para las que sean imprescindibles se marcará
hora de inicio y de fin y no se convocarán después de las cuatro de la tarde.

6. Reducir los costes fiscales para poder para poder contratar a una persona por la tarde y otra por la mañana sin incrementar costes.

7. Avanzar los horarios de telediarios, la programación televisiva y los acontecimientos deportivos.

8. Conseguir un pacto de Estado y una legislación entre poderes públicos, partidos políticos, empresas sindicatos y medios de comunicación que hagan posibles las medidas anteriores.

¿Estamos preparados para llevar a España a una verdadera democracia?

Leyendo estos dos artículos,

De jefes, jefecillos y jefazos

 

Más cierre social con mayor igualdad educativa

 

He tenido la siguiente reflexión, que ha dado origen al título de este post. ¿Estamos preparados para llevar a España a una verdadera democracia? ¿Podremos conseguirlo?

Difícil tarea…

Sobre la burbuja del emprendimiento o el cuento de la lechera 2.0

Hace tiempo que ví este magnífico post de Juán Cabrera, lo publiqué en facebook y mi ciberamigo (todavía no he tenido el placer de desvirtualizarlo, solo mantenemos contacto online ;P) Juan Luis Martín Acal lo reenlazó a su vez dando su punto de vista que es exactamente lo que yo estaba pensado.

Lo describe tan bien que le pedí permiso para publicarlo en el blog. Se puede decir más alto, pero no más claro. 😀

Cito: “Un magnifico articulo de Juan Ignacio Cabrera vía Alejandro Sánchez Marín sobre la realidad del emprendimiento en España. Truco para sacar gente de las incomodas listas del paro, para sangrar a la población con impuestos a autónomos y para colar merchandaising de cursos, coaching, incubadoras de empresas que solo dan dinero al que los imparte. Estamos en un país de vende humos de traje y corbata y verborrea de siglas en ingles. Vigilad los ahorrillos!”

El post en cuestión es este:

Estudio de la econosuya ;(

Hoy he visto este post en internet.


Últimamente existe una discusión muy interesante sobre cuál debe ser la inflación de una economía(por ejemplo en Europa) ante la creencia de que este nivel de inflación reduciría el paro al mínimo posible y por supuesto consiguiéndola haciendo uso de la política monetaria expansivala política monetaria expansiva.

Hay que distinguir dos hechos muy distintos en relación con la inflación:

1º- Cuando la inflación es consecuencia de una economía pujante en la que los trabajadores tienen un trabajo que les permite un consumo alto que hace que la demanda tienda a ser superior a la oferta. En este caso se suele decir que la economía está recalentada y la inflación se produce por un exceso de demanda la oferta.

En este caso en teoría el banco central debía actuar para que no segenerara más inflación y básicamente lo hacía provocando una subida de los tipos de interés con una política monetaria restrictiva. Este tipo de intervención ni nos acordamos cuando el banco central la aplicó ya que se ha justificado siempre la política monetaria expansiva incluso en plena burbuja inmobiliaria.

2º- Cuando la inflación es debida a las políticas monetarias expansivas, sus efectos sobre el empleo son a muy corto plazo y siendo los efectos de la política monetaria sobre el empleo a largo plazo nulos. Usar la política monetaria expansiva como el no va más para crear empleo es algo que es más una idea de políticos que de economistas; aunque debo de reconocer que algunos economistas muy famosos están muy de acuerdo con esta política.¿Será porque son hoy día más políticos que economistas, aunque sus estudios sean de economía?

Hoy día incluso algunos plantean que es necesario provocar una inflación por encima del 2% para crear empleo.Fíjense que ya no se habla de que el PIB crezca por ejemplo un  3% para crear empleo, sino que se habla de provocar una inflación de más del 2% para crear empleo.La curva de phillips(gráfica que relaciona tasa de inflación con tasa de paro) teóricamente suele tener pendiente negativas pero la realidad ha demostrado que puede tener una relación positiva; sólo hay que ver lo que ocurrió en España entre 2007 y 2008 que subió la inflación y aumentó el paro. La realidad siempre es mucho más complicada que la pura teoría.

En mi último artículo ya expliqué que el dinero que surge de la nada es lo mismo que los impuestos, con lo cual de la política monetaria pasamos a la política fiscal y con el agravante de que su efecto sobre la producción y empleo es a muy corto plazo, ya que las variables reales como éstas sólo son alteradas a corto plazo tendiendo a volver a su estado anterior a la aplicación de la política monetaria expansiva.

La pregunta que nos tenemos qué hacer y que se hacen muchos economista es muy simple:

¿La única salida de la crisis y generadora de empleo es a través del uso y ya abuso de la política monetaria?

¿Sólo se nos ocurre como forma de crear empleo el uso abusivo de la política monetaria expansiva?

¿Por qué damos tanta importancia a tener una financiación abundante y barata cuando todos los proyectos de inversión dependen de otros factores muy importantes como el coste y la capacitación del capital humano?

Desde luego parece menos doloroso emitir dinero que recaudarlo mediante impuestos, pero las generaciones futuras y la nuestra misma nos veremos afectados por un futuro peor al actual.

Hoy día los políticos ya no se fijan como fin mejorar lo dejado por el gobierno anterior sino que tienen ya bastante con que no empeore la situación actual.

En vez de preocuparnos mucho en qué se realiza el gasto público y con qué eficiencia se aprovecha, nos seguimos preocupando simplemente en tener dinero para gastar o invertir, evidentemente es más importante la eficiencia del gasto que la garantía de una financiación abundante y barata.

Conclusión:

Es más cómodo solicitar financiación barata y abundante al banco central que tomar medidas que se oriente a una mayor eficiencia en el aprovechamiento de los recursos públicos y privados.

Para conseguir que el gasto esté bien enfocado y sea eficiente es necesario una buena formación de todos los profesionales, con lo cual la I+D+i y la educacióndeben ser las claves para tener una economía más competitiva basada en el conocimiento y no en el ajuste de salarios a la baja y una financiación barata.

Ni el coste del capital ni el coste del trabajo son tan decisivos como la formación para tener una economía realmente competitiva, si es que queremos competir en calidad fundamentalmente.


Jajajaja, vaya truño de estudio.

Ha soltado la parrafada de manual, cuando precisamente el “modelo teórico” no demuestra la “realidad empírica”.

Según ese gráfico basado en un “modelo estadístico” el desempleo debería de estar cercano a cero. Y NO LO ESTA.

Ese es el problema.

No tienen ni puta idea de cómo resolver esa variación porque la economía no tienen nada que ver con eso. El problema es IDEOLÓGICO, no económico.

Quieren llevarnos de vuelta a la época preindustrial, sin anestésia y si no lo consiguen, antes robarán y destrozarán todo el sistema público que montó la pseudocorriente de “Estado de bienestar”, que no es ni más ni menos de, con el capitalismo se vive mejor que con el comunismo.

Muerto el comunismo, se acabo la rabia… pero la rabia comunista. Ahora queda la neoliberal, es decir, la fascista, nacionalsocialista o peor aún, nacionalcatólica (la que nos toca) y es más de lo mismo.

Estamos ante un cambio de ciclo, no es una crisis/estafa. Escuchamos el rugir del tsunami que viene. El 15M fue el terremoto que lo provocó. Y todavía ni imaginamos de las repercusiones que tendrá en nuestra civilización. Si, si, civilización. Aquí meto a TODO ser humano del planeta. No es una cosa de Europa, de África, de norte o sur… No, no. Es nuestra puta civilización, tal y como la conocemos hoy.

Empezamos a ver las ondas en el estanque y los que están a salvo tienen miedo de que el agua les salpique.

Yo como esto hasta el cuello, me la sopla que se mojen. Total no tenemos nada que perder. Y como aprendí hace mucho tiempo, en todo proceso de negociación hay que dejar una salida honorable al perdedor, o puede que sea una victoria pírrica.

La falacia de la meritocracia en educación

He leido el siguiente artículo

Cuatro casos que demuestran que las becas de Wert no premian la excelencia

Y lo que más me ha gustado es la opinión de un usuario, que define blanco y en botella lo que es verdaderamente el espíritu del sistema de becas en un sistema educativo público de calidad.

Copio y pego:

“Tanto han repetido lo de la “excelencia” que al final lo hemos introducido en el discurso como factor de legitimación. En mi opinión las becas NO deben premiar la excelencia. De hecho, las becas no deben ser un “premio” porque el sistema de becas NO es un instrumento meritocrático sino compensador de desigualdades. Han conseguido convencernos del cambio de naturaleza de dicho instrumento sin que nos rebelemos ante esa mistificación (el titular de la noticia es elocuente).// Mis razones: La excelencia es más fácil de lograr entre estudiantes que proceden de entornos favorecidos. Lógicamente, habrá excepciones como los casos que se relatan en el artículo, pero vincular la concesión de becas al expediente académico va a premiar mayormente a quienes de por sí tienen más facilidades para estudiar (no están obligados a compatibilizar estudio y trabajo precario, no tienen dificultad de acceso a recursos…). El sistema de becas debería volver a ser lo que siempre fue: una ayuda económica que facilite estudiar a aquellos que tienen menor nivel de renta con el único objetivo de compensar situaciones desiguales de partida: si un estudiante tiene que trabajar noches y fines de semana en una pizzería para poder pagarse el material o, simplemente, para contribuir a la maltrecha economía familiar, es probable que no obtenga una buena nota media pero es a ese estudiante al que no debemos “perder”. La sociedad ofrece muchos más premios e incentivos al que obtiene un buen expediente. El sistema público no está para premiar sino para reducir desigualdades. Para mi tiene más mérito el 5 de algunos de mis alumnos que deben “doblar” jornada que algunos sobresalientes obtenidos en entornos protegidos. La renta debe ser el primer y principal criterio selectivo; el expediente no debería tener apenas peso en el importe final a percibir.”

Chapó…

El resurgimiento del fascismo en España

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 2 de diciembre de 2013, y en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 3 de diciembre de 2013

Este artículo señala los componentes de la ideología totalizante existente durante la dictadura fascista en España que se están reproduciendo en amplios sectores de las derechas españolas, incluyendo medidas represivas semejantes a las que llevó a cabo el régimen dictatorial.

 

Uno de los mitos que ha promovido la estructura de poder centrado en el estado español es que la dictadura que existió en España desde 1939 a 1978 fue un régimen autoritario pero no totalitario, distinción desarrollada por el politólogo Juan Linz, que ha tenido una gran influencia en la cultura politológica del mundo académico español, desde el que se ha extendido a los establishments políticos y mediáticos del país. Este autor dividió los regímenes dictatoriales en regímenes totalitarios, que promovían una ideología totalizante que intentaba cambiar la sociedad y a los individuos que vivían en ella, tal como -según Linz- lo hacían los regímenes comunistas, y en regímenes autoritarios, que eran regímenes que utilizaban el poder del estado para defender una estructura de poder mediante medios autoritarios, no democráticos, pero sin intentar cambiar la sociedad, careciendo de una ideología que la cohesionara y que intentara cambiarla. Según Linz, un ejemplo de ello fue el régimen liderado por el General Franco. Ni que decir tiene que los defensores y apologistas del régimen dictatorial español promovieron esta versión de lo que fue aquella dictadura, negando su carácter totalitario, portador y promotor de ideologías totalizantes.

 

Encuentro esta versión de lo que fue la dictadura profundamente apologética y propagandística, carente de credibilidad científica. Es importante señalar que España es uno de los pocos países en el que se conoce a aquella dictadura con el nombre de dictadura franquista. En la mayoría de países democráticos a esa dictadura, sin embargo, se la conocía y definía como fascista. Cuando, por ejemplo, el Sr. Samaranch fue a Atlanta, EEUU, para preparar los Juegos Olímpicos en aquella ciudad, el The New York Times se refirió a él como “el delegado de deportes del régimen fascista liderado por el General Franco”.

El término franquista, utilizado en España, conlleva la asunción de que aquella dictadura fue un régimen caudillista, es decir un régimen liderado por un caudillo cuyo objetivo era mantener el orden social del país, lo cual hacía utilizando medios autoritarios. En este esquema, desaparecido el dictador, desaparece la dictadura. Ahora bien, el régimen era mucho más que caudillista. La ideología que sostenía aquella dictadura era una ideología totalizante, que se reproducía predominantemente a través del estado y que sobrevivió al dictador y a la dictadura. Esta ideología fue el nacional-catolicismo, promovido por los aparatos ideológicos del estado, que afectaba a la totalidad de la sociedad y a los individuos que vivían en ella, invadiendo incluso las esferas más íntimas de la personalidad de los españoles, que incluían desde el comportamiento sexual, al idioma y cultura mediante los que el individuo debía expresarse. El régimen imponía toda una serie de normas de comportamiento y de pensamiento. En realidad, fue uno de los regímenes con una ideología más totalizante que hayan existido en Europa.

 

El nacionalismo españolista era un nacionalismo extremo, de carácter racista (el día nacional se llamaba el día de la raza), sumamente excluyente, que estaba basado en una visión imperial del Reino de España y con una concepción radial del estado, centrado en Madrid, la capital del Reino. España era la única nación del país y la más antigua de Europa y tenía una misión civilizadora. Otras concepciones de España eran reprimidas y eliminadas, definiéndoselas como anti España. Este nacionalismo españolista estaba intrínsecamente ligado al catolicismo clerical jerárquico español, que era parte del Estado español. No es que la Iglesia apoyara la dictadura; la Iglesia fue un componente claro de la dictadura, hecho que la jerarquía católica todavía hoy niega a pesar de la enorme evidencia de lo contrario. Los sacerdotes estaban pagados por el Estado y el dictador nombraba a sus obispos. La hipocresía de la Iglesia, negando esta realidad, alcanzaba niveles hiperbólicos.

 

Los aparatos apologéticos del Estado –incluso ahora, los existentes en la llamada época democrática- negaron las características de aquel estado, siendo la máxima expresión de este aparato el Diccionario Biográfico Español  promovido por nada menos que la Real Academia de la Historia, que une a su ausencia de rigor científico una desvergüenza antidemocrática. Un gran número de sus capítulos solo pueden definirse como meros panfletos ultraderechistas que en muchos países democráticos estarían prohibidos o serían ampliamente rechazados.

Aunque estos volúmenes alcanzan niveles extremos de reproducción de esa visión nacional-católica españolista, el hecho es que esa ideología impregna a grandes sectores de la sociedad española. Cuarenta años de dictadura, seguidos de treinta y cinco años de una democracia enormemente limitada y supervisada por la Monarquía y por el Ejército, han imposibilitado el cambio profundo de esta ideología, que la derecha española (que, en el abanico de opciones políticas europeo, encaja en la ultraderecha) y personalidades de la socialdemocracia española como José Bono y compañía (entre otros) sostienen.

 

Declaraciones recientes de dirigentes españolistas reproducen esta ideología. Ejemplos: El Sr. Aznar sostiene que “España es la nación más antigua de Europa”, el cardenal Rouco que “cuestionar la unidad de España es inmoral”, el Sr. Bono que “la grandeza de España se basa en su unidad” y un largo etcétera. En estas declaraciones, la unidad implica una visión excluyente de España que no admite otro tipo de Estado plurinacional que no sea el actual mononacional.

 

Esta visión está alcanzando un nivel asfixiante con las medidas represivas que el actual gobierno del PP está imponiendo como la de multar con 30.000 euros a lo que un policía –la mayoría de mentalidad de derechas- defina como un insulto a España, medida altamente represiva que recuerda a la dictadura. Es el reavivamiento del fascismo que nunca nos dejó.

 

Una última observación. Este sistema totalizante se reproduce también a través de los medios. Existe hoy una dictadura mediática –sí, una dictadura mediática- que no permite la diversidad ideológica que debería estar presente en una democracia. Un ejemplo de ello es que este artículo no sería aceptado para su publicación en ninguno de los cinco rotativos más importantes de España. De ahí que tenga que pedirle al lector que, independientemente de su acuerdo o desacuerdo con su contenido, lo distribuya ampliamente, por mera coherencia con su sensibilidad democrática.

enlace: http://www.vnavarro.org/?p=10132

Mediocridad educacional

En España existe una tradición oscilatoria para juzgar la vida que va del elogio al vituperio, sin medir el tamaño de los impactos, tampoco en algo tan sensible y trascendental como la educación. La reciente publicación de la encuesta de la OCDE sobre la influencia de las capacidades personales en la consecución de mejores perspectivas y empleo (Piaac), ha sido tomada como un PISA para adultos por algunos medios de comunicación, que le han dedicado rimbombantes y negativos titulares. A su vez, la secretaria de Estado de Educación, que sigue anclada en las teorías de la mediocridad educacional, la ha utilizado para derramar ideología y acusar a la Logsee de todos los males presentes y futuros. Tanto lo uno como lo otro son solamente matices de la verdad. Seguramente hay dos causas muy claras del bajo tono educativo de los adultos españoles en relación con los otros países: el pésimo punto de partida y las continuas reformas de la enseñanza.

¿Acaso se ha olvidado el tipo de enseñanza que predominaba en España hasta la generalización de la educación obligatoria tras la Ley Villar? Es más, la falta de escuelas o su estado deplorable era algo generalizado hace cuarenta años, en particular en las crecientes zonas urbanas. Afortunadamente, las construcciones de colegios e institutos tras los Pactos de la Moncloa permitieron la creación de millones de puestos escolares. Aun así, el peso social de la educación y la cultura era todavía bajo. Pero algún cambio se produjo, pues la OCDE afirma en sus dos últimos estudios sobre el panorama educativo mundial que la transformación en España está entre las más notables de los últimos cincuenta años. En el reciente Piaac esta progresión solo es superada por Corea del Sur, tanto en lectura comprensiva como en resolución de problemas. A pesar de este reconocimiento, este último estudio apremia a España a mejorar varios indicadores que ponen en suspenso el futuro, como también sugiere a otros países.

Por otra parte las continúas reformas educativas que han padecido tanto la educación obligatoria (seis) como la universitaria (que forma a los futuros profesores) en los últimos cuarenta años no se han hecho pensando en el alumnado ni tampoco en la trascendencia de sus saberes para desenvolverse en la vida cotidiana, sino mas bien para dar lustre al equipo ministerial que las impulso. Se ha achacado a la Logse el origen de todos los males. Es cierto que peco de inocencia, pues se empeño en formulas pedagógicas sin eficacia probada, que no todo el profesorado estaba preparado para asimilar y que quizás el entorno social no entendió. Pero fue de las pocas que conto con un acompañamiento económico que renovó la escuela y su administración. Además, no ha sido la única reforma frustrada, si miramos los resultados del Piaac.

Dice este informe que en algunos indicadores no estamos tan lejos de Estados Unidos o Francia. Se aprecia también que los niveles descienden a medida que se sube en los tramos de edad. Los expertos lo atribuyen a que a partir de los 25 años ya no se cultivan los saberes porque no tienen aplicabilidad inmediata o porque la sociedad tampoco incentiva la formación cultural permanente. Pero los resultados, que deben mejorar bastante, deben tomarse siempre con cautela, porque se mide con un instrumento universal mientras que los puntos de partida son muy diversos. Además, en cada país no se aprende con similares estrategias ni las materias insisten en los mismos contenidos. Pensemos si cuando estudiamos la mayoría de los españoles la escuela enseñaba para la vida, lo que en parte mide este informe, o se preocupaba más de que se acumulasen contenidos.

Al final de todo, casi siempre se cumple aquello de quien no se educa no progresa. Si existe mediocridad educacional habrá que apelar a nuestros dirigentes (entre ellos los actuales presidente del gobierno y jefe de la oposición, que fueron ministros de Educación), que no han sido capaces de concertar una reforma educativa tan consistente que pudiera durar varias décadas y tan flexible que permitiera resolver las carencias de su aplicación. El último ejemplo de desacuerdo (la Lomce) nos augura que seguiremos padeciendo pesares por nuestra escuela, como los que el profesor Antonio Machado sufría hace cien años por la monotonía de la de entonces.

Por: Carmelo Marcén Albero

Me reservo el derecho a sumarme a la revolución

Este post es original de mi amigo y antiguo compañero de facultad Orlando Sánchez Maroto (@orlando_s_m) lo pongo en mi blog porque me parece interesante compartirlo y de paso, conservarlo.

Siempre me he considerado una persona moderada. Respeto enormemente las ideas que no comparto, y he llegado a defender con vehemencia el derecho de los que las sostienen a mantenerlas, incluso contra intolerantes cuyas “opiniones” de fondo son más cercanas a las mías. He aceptado mi lugar en la sociedad con deportividad, consciente de que hay grandes profesionales que merecen que su visión y su esfuerzo denodado tengan un reconocimiento económico y social correcto. Comprendo que mis posiciones no tienen que ser compartidas por todos, y acepto que cuando quedo en minoría, la mayoría lleve a cabo sus propuestas.

 

En resumen, vivo en sociedad con lo que ello conlleva. Y como yo, mucha gente. El parado, el que no llega a fin de mes, el embargado, el sancionado… Todos vivimos en sociedad, porque por más que nos toca estar en una posición incómoda, creemos que es la forma más armónica y pacífica en la que todos tenemos sitio. Y sobre todo, porque creemos que las normas que regulan la convivencia no tienen nada contra nosotros, que son iguales para todos.

 

Y en todo esto, llegó la crisis. Menos dinero, y todos tuvimos que pagar las pérdidas. Menos fondos para investigación científica, menos dinero para educación, menos dinero para sanidad, menos dinero para dependencia, menos dinero para pensiones, menos dinero para parados… La gente protesta, y son reprimidos duramente, pero los ciudadanos lo soportan porque esas decisiones emanan de los poderes del estado surgidos de la voluntad popular.

 

Luego, conocemos que la voluntad popular puede haber sido adulterada por un continuo flujo de comisiones a algún partido desde las empresas más implicada en el modelo económico que ha fallado, el cual estamos pagando. La prensa está en manos de ese modelo económico y su supervivencia depende de la publicidad institucional de las instituciones gobernadas por esos partidos. Las propias deudas de los partidos están en manos de los bancos, que forman parte de ese conglomerado. La propia deuda del país está en manos de ese conglomerado. Los mercados. Los partidos, la prensa, el estado… todo está en manos del mercado. De empresas poseídas por empresas poseídas por empresas, que al final de la cadena están en manos de diez o veinte familias, que son las mismas desde hace prácticamente 500 años.

 

La meritocracia no existe. Por más que estudiemos los que no llevamos esos apellidos, solo unos pocos, que se pueden contar con los dedos de una mano, llegarán a tomar el ascensor social hacia arriba. Los hijos de los de siempre completarán sus estudios (o ni eso), y tendrán los mejores trabajos en las mejores empresas. Y dará igual que las quiebren. Los trabajadores y los pequeños accionistas pagarán las deudas y ellos conseguirán otro magnífico trabajo… y a seguir. Si eres mujer, incluso corres el riesgo de perder el trabajo por querer hacer algo tan bello, tan personal y tan útil para el futuro del país como ser madre.

 

Seguro que todos los que estáis leyendo esto os acordáis de un ejemplo de cada idea que plasmo, ya sea conocido a través de la prensa o personal.

 

¿Qué es lo que nos queda a los que no tenemos una fortuna, un apellido con solera, unos buenos contactos… a lo que agarrarnos cuando nos roban las oportunidades de educarnos, de competir con una mínima igualdad de oportunidades, de trabajar y ganarnos la vida con dignidad, de poder enfermar, de descansar en la vejez?

La ley. El estado de derecho es lo único que se interpone entre nosotros y la anarquía. El convencimiento de que, en caso extremo, ante los tribunales, todos somos iguales.

 

De todos ellos, y aunque no es en puridad un tribunal, el Tribunal Constitucional. Como en una ocasión dijo uno de sus presidentes: “la suerte del Tribunal Constitucional es la suerte de la Constitución”. Nuestra norma fundamental de convivencia habla a través de este órgano. Y es importante que lo haga correctamente.

 

Hace unos años, uno de sus miembros fue recusado porque había escrito un informe relacionado con una ley que en aquel entonces no era más que una posibilidad. Fue una recusación estricta, basándose en que no bastaba con que fuera neutral, sino que la mera sospecha de imparcialidad invalidaba su posición.

 

Se puede estar más o menos de acuerdo, pero fue la opinión del Tribunal y es la voz de la Constitución.

 

Y ahora, su presidente no es que haya hecho un informe a petición de una institución o un partido. Es que ha sido hasta muy recientemente miembro de un partido e inspirador de una de las leyes que tendrá que dirimir el Tribunal Constitucional si debe ser o no declarada contraria a la norma fundamental.

 

En este caso, toda la rigidez que se empleó anteriormente es ahora flexibilidad.

 

Ya no hay normas que valgan para todo y para todos. Lo que para unos no valen, para otros sí.

 

Ya no hay nada que a la gente humilde la retenga en la obediencia al estado de derecho. Porque ya no existe tal estado de derecho, sino la voluntad de los poderosos, que han subvertido las instituciones de todos para apuntalar el statu quo y sus propios intereses. Para que en la competición siempre ganen los mismos, y pierdan los de siempre.

 

Por ello, me reservo el derecho a no creerme el estado de derecho. Me reservo el derecho a desconfiar de las instituciones. Me reservo el derecho a no esperar decisiones justas. Me reservo el derecho a considerar las leyes papel mojado. Me reservo el derecho a no invertir en una economía en la que el beneficio siempre recae en los de arriba y las pérdidas siempre las soportan los de abajo.

 

No me lanzaré locamente a las barricadas, por supuesto. Me reservo el derecho a mantenerme estratégicamente en un segundo plano y no exponerme inútilmente a las iras de los que tienen el poder. Me reservo el derecho a seguirles el juego. Me reservo el derecho a engañarles y a que se confíen. Y me reservo el derecho a darles la puñalada en cuanto estén con la guardia baja.

 

Me reservo el derecho, cuando más nos convenga y cuando más daño haga al enemigo, a sumarme a la revolución.